Cuando el cielo se llena de humo o niebla tóxica, quienes se desplazan al trabajo recurren a mascarillas, pañuelos e incluso al cuello de sus camisas. Sin embargo, existen pocas maneras efectivas de protegerse de las diminutas partículas en el aire. Las mascarillas antipolvo que se encuentran comúnmente en ferreterías evitan el paso de partículas grandes como el aserrín. No protegen los pulmones del humo.
Los respiradores “N95” o “P100”, diseñados especialmente para este fin, pueden ser de gran ayuda. Pero esto es lo que mucha gente desconoce:
El respirador proporciona cierta protección, pero solo si se utiliza correctamente.
No están diseñados para niños.
No funcionarán tan bien para personas con vello facial.
Las mascarillas respiratorias ajustadas pueden dificultar la respiración y provocar mucho calor en el usuario.
“Durante la temporada de incendios forestales, recibimos muchas preguntas sobre el uso de mascarillas. En resumen, no las recomendamos”, según la Autoridad de Salud de Oregón. “Si bien los respiradores, como el N95, pueden proteger contra el humo, deben ser ajustados correctamente por un profesional capacitado. En definitiva, recomendamos limitar al máximo la exposición al aire contaminado por el humo”.
En cambio, cuando el humo contamina el aire, las autoridades instan a la población a:
Evite las actividades extenuantes al aire libre.
Planifica momentos de juego en interiores para los niños.
Mantén las ventanas y puertas cerradas, y enciende el aire acondicionado si hace calor.
Utilice un filtro de aire de partículas de alta eficiencia (HEPA) si dispone de uno.
Consulta la calidad del aire en tu zona en el mapa de calidad del aire del DEQ.