“Elige un trabajo que te apasione y no tendrás que trabajar ni un solo día de tu vida” es una frase que Linda Weinman considera totalmente cierta. Como empleada del Departamento de Servicios Humanos de Oregón (DHS) durante 50 años, la vida de esta abuela de Rockwood se ha centrado en el servicio a las familias. Ya sea gestionando casos a través del programa de Autosuficiencia del DHS o impulsando un programa piloto junto con la División de Servicios Juveniles del Condado de Multnomah, Weinman ha ofrecido con gusto su tiempo, tanto profesional como personal, a quienes se ven involucrados con el sistema de justicia penal.
“Es mi vocación”, dice Weinman. “Hay gente buena, y la gente buena toma malas decisiones, y necesitamos analizar cómo superar esa experiencia y reconstruir la familia”.
Originaria del centro de Oregón, Weinman se mudó a Portland en 1969. A los 19 años, comenzó a trabajar en el sector privado antes de iniciar su carrera en el gobierno estatal. A través del programa de Autosuficiencia del DHS, Weinman trabajó con familias que buscaban servicios durante la semana. Los fines de semana, prestó servicio en la 104.ª División de Entrenamiento de la Reserva del Ejército de los Estados Unidos. Tras 20 años como gerente del DHS, pasó a la gestión de casos familiares en la División de Servicios para Adultos y Familias del DHS. Ayudó a establecer servicios de salud, alimentación, empleo y otros apoyos para mujeres liberadas del Centro Correccional de Coffee Creek.
“Muchas mujeres no reciben el apoyo integral y personalizado que necesitan, ni se reconoce la importancia de mantener un contacto positivo al salir de prisión, algo que puede ayudarlas durante el proceso”, afirma Weinman. “Normalmente, el día que salen de prisión y llegan a casa, les dicen: ‘Aquí están tus hijos’”, explica. “Cuando tus hijos no han estado contigo durante 18 meses y al llegar a casa te encuentras con cuatro, es abrumador. Por eso, cuando las mujeres salen de Coffee Creek, es fundamental que mantengan esa conexión con el exterior”.
Weinman ha desempeñado un papel fundamental en proyectos piloto diseñados para apoyar a las personas involucradas en el sistema de justicia. Trabajó individualmente con familias y con los consejeros del tribunal de menores de la Unidad de Pandillas Juveniles del Condado en el Centro de Detención Donald E. Long. En el ámbito de los adultos, ha dedicado tiempo a la Unidad de Servicios Familiares del Departamento de Justicia Comunitaria, trabajando con mujeres que regresan de prisión, y con el programa Adapt (Tratamiento Prenatal para el Abuso de Alcohol y Drogas). Gracias al trabajo de Weinman, ahora hay un gestor de casos permanente del DHS en las oficinas de libertad condicional y libertad vigilada del Condado en Gresham tres días a la semana.
Su trabajo le ha ayudado a evitar juzgar y a comprender verdaderamente a una población que con demasiada frecuencia es ignorada.
“Hay personas que han estado encarceladas, pero ya cumplieron su condena, pagaron su deuda”, dice. “Son personas que tienen familias y merecen tener gente positiva en sus vidas”.